La empresa celebra su centenario como una de las escasas firmas cafeteras que ha decidido no formar parte de un gran grupo
Pocas empresas guipuzcoanas tienen la oportunidad de celebrar sus 100 años de vida y presumir de hacerlo de manera independiente, sin aceptar las ofertas recibidas para entrar a formar parte de un gran grupo. La Casa del Café es una de ellas y, salvo algunas modificaciones propias de la adaptación a los hábitos de consumo, ha mantenido inalterables sus principios que se resumen en un compromiso con la calidad de su oferta. Esta empresa tiene su establecimiento comercial en Donostia y su tostadora en Oiartzun, y es la única que tuesta en Gipuzkoa el café que vende.
Una de las características de esta firma es su carácter familiar, que se ha mantenido durante estos cien años y no corre de momento riesgo de perderlo. Karmele y Asier Iriondo, tía y sobrino de la segunda y tercera generación, rememoran los inicios en la calle San Marcial de Donostia. Juan Iriondo y su mujer, María Salaberria, abrieron una tienda que llamaron La Casa del Café tras ver en París un establecimiento con el nombre La Maison du Cafe.
En la capital francesa Juan Iriondo se formó y adquirió todos los conocimientos necesarios para desarrollar esta actividad en la calle que a partir de 1926 se hizo muy conocida en Donostia por su aroma a café. “La respuesta al principio fue tímida, pero poco a poco fue ganando prestigio y se convirtió en un negocio” próspero, evoca Karmele Iriondo. Esta trayectoria se truncó con la llegada de la Guerra Civil, que cerró la tienda y tostadora, pero el fundador fue capaz de encontrar producto de contrabando y comercializarlo en la clandestinidad como medio de vida.
Reparto a domicilio
La propia Karmele, junto con su hermano Xabier, se encargaban de repartir el café entre los domicilios donostiarras. La hija de Juan Iriondo advierte de que con la llegada de la dictadura la situación no mejoró de manera sustancial, porque el Estado les obligaba a comprar a ellos un producto que llegaba de la colonia de Guinea Ecuatorial, de calidad inferior al de Colombia con el que trabajaba preferentemente La Casa del Café. “En algo en lo que voy a insistir es en el tema de la calidad, porque ya desde los inicios prevalecía sobre la rentabilidad y hoy sigue igual”, interviene Asier Iriondo.
A finales de la década de los 50, Xabier Iriondo, hijo del fundador, se hizo cargo del negocio y en esta nueva etapa uno de los hitos fue la creación, junto con otra media decena de firmas cafeteras estatales, de una importadora propia que les evitaba tener que comprar el producto al Estado durante la Transición y que, tal y como asegura su hijo Asier, era de mala calidad.
Los inicios de esta importadora, denominada Materias Primas, tampoco fueron fáciles. “Al Gobierno español de entonces no le hizo gracia que se creara esta importadora, y a los proveedores les aseguraba que les compraría mil toneladas de café siempre que no vendieran a la importadora. En el caso contrario, amenazaba con lo comprarles nada”, señala.
Karmele y Asier Iriondo en la tostadora instalada en Oiartzun. Ruben Plaza
Colaboración entre empresas
También esa época se superó, y hoy en día sigue existiendo Materias Primas con su oficina central en Madrid y más empresas cafeteras adheridas. Esta asociación reporta beneficios como el acceso a la materia prima a mejor precio al tratarse de una compra agrupada, pero también a elevar los estándares de calidad. Tía y sobrino explican que la importadora cuenta con un experto que aconseja sobre el momento de comprar según las fluctuaciones de la Bolsa, y de un catador que valora el café porque “no todo el que llega de Colombia tiene la misma calidad”, advierten.
En la actualidad, La Casa del Café tiene una plantilla de 22 trabajadores que Karmele y Asier consideran que se acerca a una familia por la estrecha relación que existe entre todos. “Los trabajadores son importantísimos”, incide Karmele Iriondo, quien asegura que “casi todos se jubilan aquí” como muestra de la cercanía con la que discurre su actividad y la relación con los propietarios.
La Casa del Café es una empresa familiar con un consejo de administración formado por cuatro representantes familiares de la tercera generación, dos por cada hermano de la segunda. La dirección, sin embargo, se ha asignado a un gerente externo para evitar los roces habituales del día a día.
Gipuzkoa en el centro
El mercado natural de esta empresa es Gipuzkoa y una pequeña zona de Nafarroa limítrofe. Asier Iriondo explica que, si el objetivo es ofrecer calidad a toda costa, su radio de acción ha de ser necesariamente pequeño. Extender su actividad comercial a otros territorios conllevaría someter al producto a diferentes temperaturas o humedad que mermarían su esencia y, por otro lado, no poder responder con rapidez a las necesidades de sus clientes.
Entre ellos se encuentran la hostelería, a la que se dirige el 45% de su producción y la alimentación, que concentra un 30%. Un 20% se vende en la tienda propia de la calle San Marcial de Donostia, y el resto se canaliza por la venta online, que han iniciado para adaptarse a los cambios de hábitos de la sociedad, que también ha supuesto el inicio de la oferta de café en cápsulas, explican Karmele y Asier.




