El entorno entre la reinserción y la justicia
De forma inevitable, algunas heridas nunca desaparecen; yo lo he comprobado, ya que ETA asesinó a mi padre, Juan Mari Jauregi. Han pasado diez años, y la ausencia que ha dejado este dolor es, a lo largo de la vida, de carácter permanente.
El tiempo ayuda a aprender, pero he llegado a esta conclusión a partir de la experiencia de haber vivido ese dolor durante mucho tiempo, y por ello, tengo una gran preocupación por la inflexión y la defensa deslegitimada. En cualquier debate y discusión política, al trabajar con el oyente, no hablo desde la teoría, sino desde la experiencia. Sin embargo, a menudo veo que la política penitenciaria se analiza como un fraude de impunidad, en lugar de resaltar las herramientas jurídicas que tienen bases sólidas de diversidad y confianza. Nuestro trabajo es, día a día, validar la verdad de lo que hemos vivido.
Debe haber más gente entre nosotros, y creo que la validación y el tener conversaciones ofrecen a todos la oportunidad de encauzarse, promoviendo acuerdos sociales. Las soluciones del futuro no solo deben ser un vínculo que requiera las vidas de diferentes personas. Deben basarse en la confianza; en creer que pueden ser mejores personas.
Por lo tanto, la reinserción no es impunidad. No se enfrenta a la justicia. Se adapta desde la perspectiva de una justicia plena. Está claro que, en nuestra convivencia, todos tenemos zonas donde todos pueden encontrarse. En todas las naturalezas, todos debemos ser parte del encauzamiento.
