No se entiende el verano en Euskadi sin una buena parrilla, y eso es algo que Ander Atorrasagasti, de Euskal Parrilla, intenta llevar a cada municipio
Algo que tienen en común todas las fiestas de Euskadi es la pasión por la comida y la bebida. Una buena sidra, acompañada de un bonito o una carne sabrosa, siempre es bien recibida en cualquier celebración. Para el oriotarra Ander Atorrasagasti, responsable de Euskal Parrilla, cada verano significa una alta dosis de trabajo aderezado por el calor insaciable de las brasas. Aun así, su indiscutible pasión por la parrilla le ha llevado a repartir comida y bebida por muchos lugares de Euskadi y Navarra, además de estar presente en parrilladas a bordo de un barco, en las regatas gallegas o en el Oktoberfest en Alemania.
¿Cómo se acabó dedicando al negocio de la parrilla?
Todo empezó con mis padres, hace unos 40 años. Al principio era casi un hobby. Estaban de voluntarios en Orio, repartiendo sardinas entre amigos en una parrilla enganchada a una carroza. Años más tarde, mi padre decidió profesionalizar la idea y llevar las degustaciones de pueblo en pueblo, adaptando la parrilla con ruedas para transportarla en furgoneta. Poco a poco, los hijos fuimos entrando a la empresa, y el negocio ha ido evolucionando.
Parrillada de Antxoas @euskalparrilla
¿Por dónde se suelen mover?
La parrilla cada vez está más de moda. Cuando éramos un poco más jóvenes, hace 4 años, nos fuimos hasta el Oktoberfest de Múnich. Hemos hecho bodas hasta en Burdeos, en el río Garona. Nos hemos movido por Málaga, Barcelona… incluso en Galicia, para la liga de remo. Pero el 95% de las veces nos llaman de Euskadi y Navarra.
¿Diría que en Euskadi no hay verano sin parrilla?
La parrilla no falla en ninguna fiesta. Cada vez hay menos gente en los pueblos que pueda preparar esto de forma voluntaria, entonces los ayuntamientos y los organizadores optan por buscar una empresa como la nuestra, llamarnos y al final nosotros les quitamos ese problema. Vamos con todo, les preparamos todo y para ellos es mucho más sencillo.
UDATEST
Un lugar cercano para desconectar.
El monte Kukuarri, en Orio.
Un viaje inolvidable.
A la India.
¿Dónde iba de vacaciones cuando era crío?
Hacíamos viajes a Port Aventura.
Canción del verano.
Son muchas, no sabría decir.
Comida y bebida favorita.
A mí me encanta el solomillo, y de beber una cerveza.
A qué fiesta acude siempre.
Siempre voy a fiestas de San Antón, en Getaria.
¿Ha hecho nudismo?
No, nunca.
Su primer trabajo de verano.
En la parrilla. Nosotros hemos mamado esto desde pequeñitos, casi desde el principio.
¿Cuál fue su primer amor de verano?
He tenido pocos, pero sí me acuerdo. Hace muchos años ya.
¿Dejaba algo para septiembre?
No solía dejar ninguna.
¿Cuántas parrillas tienen?
Nosotros tenemos ocho parrillas que nos las hace un herrero. Al final, es un trabajo artesanal. A nosotros se nos rompen las cosas porque andamos para arriba y para abajo moviendo muchos trastos. Al año, un par de veces tenemos que meterlas otra vez en boxes para que nos las arreglen, pero al final son materiales resistentes que aguantan bien el calor.
¿Cómo aguantan tantas horas a altas temperaturas?
Este verano está siendo un poco caluroso para nosotros, pero ya nos sabemos nuestros truquillos. Siempre estamos buscando la sombra, y sabemos que hay que hidratarse bien, porque al final en la parrilla pasas mucho calor.
“Hoy en día se le tiene mucho miedo al trabajo. Nosotros nos tiramos a la piscina y luego ya vemos”
¿Cuál es su receta para el éxito?
Nosotros siempre hemos mamado en casa esa ideología de perderle el miedo al trabajo. Creo que hoy en día se le tiene mucho miedo al trabajo, entonces le hemos ido diciendo que sí a todo, aunque ahora igual hay que empezar a decir que no. Eso es lo que te hace llegar a sitios que ni imaginabas. Nos tiramos a la piscina y luego ya vemos. Ese ha sido el truco que nos han enseñado en casa: el no tener miedo.
¿A dónde les ha llevado el decir siempre que sí?
Hasta Alemania. Aquí, en la zona de Orio, hay una empresa de turismo que mueve a australianos y gente de Europa mayormente a festivales. Ellos nos propusieron esta aventura. Nosotros solo nos dejamos llevar. Tuvimos que coger la furgoneta y hacer 18 horas hasta el Oktoberfest para poner la parrilla durante tres semanas. Nos vinieron a ver nuestras familias y amigos, porque teníamos un reto logístico de comida y neveras para todo el mundo. Para nosotros era todo muy nuevo. Nos enseñó mucho y ganamos mucha experiencia.
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¿Recuerda alguna anécdota en especial de su trabajo?
Anécdotas tenemos muchísimas. Conocemos a gente de todos los pueblos. Nosotros empezamos con 15 o 16 años echando una mano a nuestros padres y, ahora que han pasado otros 15 años, ir a esos pueblos donde te conocen desde pequeño y ven tu evolución es lo bonito de nuestro trabajo. Se nos acerca gente de todo tipo. Lo bueno de nuestro oficio es que cuando vas a trabajar, a diferencia de otros empleos, la gente siempre está de fiesta. Te reciben con los brazos abiertos y, si encima les das de comer y de beber, pues aún más.
¿Qué diría que es lo peor de la vida del parrillero?
Más que de parrillero, la vida dura del mundillo de los eventos es que nadie celebra uno un lunes de noviembre. Todos los eventos se concentran en los meses de verano y, sobre todo, los fines de semana. Tienes que hacer mucho en poco tiempo, y eso significa quitar horas de sueño, horas de estar con tu hija, con tu familia… y en los meses de verano prácticamente vives solo para el trabajo.
¿Cómo se recupera tras uno de esos largos días de trabajo?
Muchas veces llegas a casa cansado y no quieres quedarte en casa. Necesitas ese descanso mental de salir y estar con amigos sin hablar ni pensar en el trabajo. Creo que todos los que trabajamos en este mundillo nos intentamos coger un par de semanas en meses en los que la gente está ocupada, como noviembre o diciembre. Esos meses son nuestro verano para poder disfrutar de otra manera.
“Hay que tener cuidado con las brasas, sobre todo en los días de viento, más que en los de calor”
Con todos los problemas que hay en verano con los incendios, ¿qué consejo da a la gente a la hora de manejar una parrilla?
Nosotros estamos con esto todos los días y ya controlamos cómo actúan las brasas cuando hay mucho viento. En la montaña tienes que ir bien preparado o, por lo menos, tener un plan B por si el viento te sacude la brasa. Igual no te das cuenta, pero en un sitio de hierba es muy fácil descuidarse un poco, que sople el viento y que las brasas salgan volando. Nosotros a los eventos siempre llevamos algún extintor, aunque nunca lo hemos tenido que utilizar.




